lunes, 14 de noviembre de 2016

 Toda función tiene un final 

  

              

          

     



A veces uno necesita estar solo para poder reflexionar y buscarle sentido a su vida. Has cambiado tanto que ni tú mismo te conoces, te miras al espejo y te preguntas: ¿En qué me he convertido?, esa persona que veo en el reflejo de ese espejo no soy yo, yo soy mejor que eso que hay ahí, ¿Cómo he dejado que esto me pasara?, te das cuenta de que has causado daño a gente que te quería, que confiaba en ti, que te respetaba y con eso te has hecho daño a ti mismo y eso no te lo vas a perdonar nunca. Sabes que te has pasado y que no eres esa persona en la que te has convertido, ya nadie cree en ti, nadie te apoya, nadie está a tu lado porque hasta ellos dudan de si algo de ti era verdad o todo era una simple fachada llena de mentiras. Llegas a ese punto donde te toca cambiar para ser tú mismo, para ser verdadero y real aunque te toca hacerlo solo, con todos en contra tuya, desconfiando de ti y midiendo y observando cada acción que hacer, pero tú eres el único necesario que debe confiar en sí mismo y demostrar al rato de gente el cambio que has hecho no solo para cambiar y volver a ser tú mismo, sino para mejorar día tras día y ser mejor persona a lo largo del tiempo y darles a esas personas dañadas por una fachada llena de mentiras el placer de conocerte, de volver a empezar de 0 y escribir un nuevo capítulo en la historia de tu vida. Porque hasta en el mismo teatro, una vez cae el telón, los personajes desaparecen.